miércoles, 13 de febrero de 2013

RUTA POR LOS TRES VALLES.

Esta ruta comenzó en el momento en que un wassap desafiante de Antonio llegó a mi móvil:

- "Como tenemos este finde?".
- "Sábado bien. Domingo cumpleaños."
- "Pues a ver si el sábado damos un paseito, pero no muy madrugador!!."
- "Tengo todo el día libre. Annette trabaja. Podemos comer fuera."
- "Estaría bien, yo no tengo planes."

Y así fueron sucediéndose los wassaps uno tras otro hasta decidir una ruta lo suficientemente larga para ocuparnos el día entero.

Contando con que "el hombre del tiempo" decía que de la mitad del mapa hacia arriba estaría nevando, me centré en la mitad sur para elegir una ruta divertida desde el punto de vista motero.

Los ojos se me fueron rápidamente a una zona conocida pero no por ello que no merezca volver a ser visitada cuantas veces haga falta, todas las ocasiones en las que he estado nunca me he aburrido ni conduciendo, ni admirando el paisaje.

Estoy hablando de recorrer los Valles del Jerte y de la Vera, terminando la vuelta por el Valle del Tietar.

Este es el plano de la ruta.


A las 10:00 de la mañana (para no madrugar mucho), ya estábamos preparados para empezar nuestro viaje de ida y vuelta.


Salimos de la urbe por la conocida Carretera de los Pantanos, el disfrute comienza a partir de San Martín de Valdeiglesias.

La mayor parte de las fotos están hechas sobre la marcha pues la cantidad de kilómetros que teníamos por delante eran considerables y las horas de sol todavía en febrero no son demasiadas, asi que para no parar cada dos por tres y cortar "el ritmo" fui haciendo fotos "a cascoporro".

Coronando un repecho nos encontramos con esta bonita vista del "charco del cura" también conocido como Embalse del Burguillo.


Bastante lleno gracias a este tiempo tan lluvioso.


Puente sobre el embalse, primero un sentido y después el otro. "Vaquero, no hay sitio para los dos en este puente".


Curvas y buen asfalto en dirección a las nieves de Gredos.


Después de atravesar el pueblo de El Barraco nos desviamos a la izquierda dirección Venta del Obispo para  recorrer esta carretera en la que no se muy bien si atender al trazado o al paisaje.


Debido a las fuertes lluvias nos encontramos con este corrimiento de tierra que ocupa la calzada. Si nos lo llegamos a encontrar a la salida de alguna curva nos hubiéramos llevado un buen susto.


Con unos 130km ya en el cuentakilómetros llegamos a Venta del Obispo, se nos han pasado volando, eso da fe de que lo estamos pasando muy bien hasta ahora.


Giramos a la izquierda y a un par de kilómetros hacemos una primera parada "técnica" en Venta Rasquilla  para que los cuerpos entren un poco en calor.
A pesar del sol, el termómetro siempre ha estado bailando entre los 4-5ºC.


Pasa por allí una "procesión de penitentes". Los pobres van subidos en sus "utilitarios".



Entramos en la Venta para tomarnos un merecido cafelito que nos entone el cuerpo.


Y agradecemos también que la indispensable chimenea esté encendida y a pleno rendimiento.


Volvemos a las motos con fuerzas renovadas para entrar a partir de este punto en plena Sierra de Gredos.


Por la carretera que nos lleva hasta el Barco de Avila dejamos la nevada Sierra de Gredos a nuestra izquierda.


Y seguímos pasándolo genial por esta carretera con un fondo así de bonito.


A Antonio le daba igual salir movido en las fotos y solo quería retorcerle la oreja a su moto, yo intentaba seguirle con la lengua fuera.

Con la nieve tan cerca el termómetro pasó de marcar unos "agradables" 4ºC a quedarse en 2ºC y eso que estábamos ya a las 12:47 del mediodía.


Pero con estas vistas se pasa menos frío.



La carretera solo se vuelve más recta llegando al Barco de Avila, muy conocido por sus famosos judiones.


Desde el Barco de Avila tomamos dirección Plasencia, subimos el Pto. de Tornavacas, límite entre Avila y Cáceres y nos asomamos desde este balcón natural al Valle del Jerte.





 Faltan unos meses para que este valle se cubra con un color blanco debido a la floración del cerezo, pero ahora también merece la pena ser admirado.

Antonio no deja que las ruedas se le enfríen y sigue bajando a buen ritmo por las curvas de este valle, yo solo le puedo seguir con el zoom de la cámara.(el puntito amarillo en el centro de la foto)


Si no se tuercen los planes volveremos pronto a inmortalizar la belleza del valle cuando las flores del cerezo empiecen a aparecer.

Tanto la zona como sus carreteras merecen ser visitadas al menos en una ocasión.


Llegamos a Plasencia y todavía no tenemos hambre por lo que empezamos la vuelta a casa, pero por la vertiente sur de la Sierra de Gredos, más conocida como La Vera.


La temperatura ha subido considerablemente, ahora el termómetro dice que estamos a 15ºC, del frío al calor en el mismo día.

Lo que iba a ser una parada para "hidratarnos" con unas cervezas y comentar lo bien que lo estábamos pasando se convirtió en aperitivo, café y puro (bueno, puro no que ninguno de los dos fumamos).


No nos podíamos relajar demasiado porque todavía nos quedaba una barbaridad para llegar a casa, por lo que retomamos las motos y seguimos ruta por esta carretera EX-203 que, si la describo como divertida, me quedo corto.


La sucesión de pueblos que hay que cruzar es interminable, y la nota común a todos ellos es que al nombre del pueblo se une con orgullo el "apellido"... de la Vera.

Muchos pueblos están celebrando el desfile de carnaval y otros lucen curiosos arbustos adornando sus calles.



Antonio dice que no salgo en ninguna foto, aquí se demuestra que es mentira.


Cuando termina la Vera volvemos a la provincia de Avila y cambiamos también de valle, esta vez al Tietar.


Mucho más abierto que los anteriores pero no por ello menos bonito o con peores vistas de la sierra.


Poco nos queda para acabar nuestro ambicioso recorrido, el sol casi está escondiéndose.


Apurando hasta el último momento nos despedimos ya a la luz de la luna y del flash de la cámara.


"Solo" fueron un total de 550km desde la salida hasta la llegada.

 Un aperitivo para preparar el desafio en el que estamos ya inscritos y que intentaremos hacer en un futuro próximo ¿verdad, Antonio?.

Un saludo a todos y hasta la próxima.

sábado, 19 de enero de 2013

RUTA HABITUAL A CAMARA LENTA.

Esta es una de mis rutas favoritas cuando quiero salir de la rutina y desconectar por un rato de la vida diaria.

Pero cuando conocemos un camino por haberlo repetido muchas veces, también nos perdemos detalles que tenemos a nuestro lado y dejamos de ver.

Esta vez además de disfrutar de estas carreteras tan bonitas para pasarlo bien con la moto, voy a mirar "más allá", intentando descubrir alguna de las cosas que me estaba perdiendo aunque siempre han estado ahí.

La zona que voy a recorrer esta fría tarde de enero será la Sierra Oeste de Madrid.


Y el plano de la ruta completa es el siguiente:


Saliendo de la capital por la N-V me desvío por la M-501 llamada también "Carretera de los Pantanos" aunque realmente es una autovía.

Hago pocos kilómetros aburridos por esta autovía y tomo el desvío hacia Quijorna donde empieza lo entretenido.

Cuando la carretera comienza a retorcerse veo algo raro a mi derecha.


Son las ruinas de lo que antes parecía ser un llamativo bar al borde de la carretera, anunciando claramente a las líneas de autobuses que por aquí pasaban, que era un buen sitio para hacer una parada de descanso. Ahora abandonado y escondido entre árboles y vegetación solo puede recordar tiempos mejores.

Continuo mi camino pero no por mucho tiempo porque en lo alto de un montículo puedo ver otra construcción que me llama la atención. Dejo la moto bien aparcada fuera de la carretera y subo a lo alto del montículo para descubrir esto:


Es un bunker-fortín construido en tiempos de la Guerra Civil. Tiene forma de cruz y seguro que fue muy utilizado durante la Batalla de Brunete que tuvo lugar en esta zona.


Llego a Quijorna, con la silueta montañosa de la Sierra Madrileña al fondo luciendo ya un manto de nieve


Este pueblo fue muy castigado durante la Guerra Civil, quedando abandonado y en ruinas, solo quedaron en pie las paredes de la iglesia.


Entro en uno de los bares del pueblo donde se recuerda cómo quedó todo tras los bombardeos.


Aquí me tomé el café que todas las tarde me tomo en el "Bar de Pin y Pon", así entré un poco en calor.


Con el cuerpo entonado sigo mi paseo por Quijorna descubriendo nuevos rincones desconocidos.


Dejo Quijorna y enlazando curvas de buen asfalto llego a un pueblo con difícil nombre: Navalagamella.

La iglesia de Nuestra Señora de la Estrella se eleva por encima del resto de casas en el pueblo, además está declarada Bien de Interés Cultural.


Otro tramo entretenido de carretera para entrar en el siguiente pueblo: Fresnedilla de la Oliva. Su nombre proviene de los bosques de fresnos próximos al pueblo y al cultivo del olivo.

Fresnedilla es conocida por la popular Fiesta de la Vaquilla (20 de enero) donde los vecinos salen a la calle con cencerros atados al cuerpo.


Una de las cosas que nunca había hecho recorriendo esta ruta había sido, parar un momento y mirar atrás para ver el paisaje que dejaba a mi espalda.

Pues aprovechando la tranquilidad con la que me estaba tomando la tarde, pude ver que no me había alejado demasiado de casa y ya había descubierto muchas cosas que no había visto antes.


Llego a Robledo de Chavela y sigo dirección N.A.S.A. aunque no creo haber dejado en ningún momento mi país, hago una llamada de emergencia: "Houston-Houston, tengo un problema".


Un poco más adelante las indicaciones son claras y no hay posibilidad de perderse.


Este tramo en dirección a Cebreros es de lo mejorcito que tenemos en la zona, pero hoy es día de exploración y me desvío para ver de cerca esta parabólica que debe coger los canales de TV de todo el mundo.


Estoy en la Estación de Seguimiento de Satélites de la ESA (Agencia Espacial Europea).

Viendo este cartel cualquiera diría que Cebreros es la capital de España para los americanos.


Vuelvo sobre mis pasos, en compañía de mi sombra, a la magnífica carretera que he dejado atrás.


Una carretera que si no escondo los pies en los estribos es capaz de limarme las uñas hasta llegar al hueso.


Y no por tener las uñas largas, sino porque el asfalto y el trazado piden guerra curva tras curva.


Gracias a que hoy no era día de fijarme solo en la trazada, pude ver entre las sombras de los pinos esta abandonada casa de los antiguos Peones Camineros, labor creada en 1759 para la conservación de las carreteras.


Entre las calles de Cebreros descubro el "Museo de Adolfo Suarez y la Transición" abierto en el año 2009


Y salgo del pueblo con la Iglesia de Santiago Apostol al fondo y el solitario árbol presidiendo la Plaza


Tomo la carretera AV-511 dirección San Martín de Valdeiglesias, otra carretera "pata negra".


Cruzo el río Alberche al que no le falta agua y eso que no ha comenzado el deshielo.


Cuando termino la sesión de curvas sigo por la AV-904 para hacer un alto en el camino y contemplar los famosos Toros de Guisando.


Cuatro esculturas de granito creadas en el siglo II y I a.C. que más que toros pudieran ser cualquier "bicho", pero de cuatro patas.


En este mismo lugar se firmó en el s.XV un tratado en el que se reconocía el derecho a ser heredera del trono a Isabel la Católica.


Sigo la ruta y tras coronar una fuerte pendiente donde vuelvo a mirar a mi espalda para ver lo que dejo atrás...


...llego a Cadalso de los Vidrios, conocida localidad por las importantes fábricas de vidrio que había en los s.XVI y XVII, y también por las empresas dedicadas a la extracción y transformación del granito para la construcción y la decoración.


Sin perder la buena costumbre de enlazar pueblos por carreteras ratoneras y divertidas


Entro en Villa del Prado, denominada "la huerta de Madrid" por su gran actividad agrícola y por su Ayuntamiento del s.XVII de arquitectura castellana 


Otro lugar curioso al que no puedo acceder con la moto por riesgo a perder la vida comido por las fieras, es el Safari-Madrid.


Aunque mi moto esté pensada para dar mucha "protección", no es suficiente para hacer un recorrido por este parque entre animales en semi-libertad.

Me hubiera conformado con ver a los "animalitos" en los documentales de la 2, pero al seguir mi camino y tomar el desvío que indica Embalse de Picadas me encontré con esto.


Desde el exterior pude ver una parte del Safari, no es mucho pero me entretuve un rato viendo a los ciervos pastar placidamente.

El GPS me indicaba que este desvío en el que me había metido merecía la pena saber dónde terminaba.


Y después de recorrer este sinfín de curvas la carretera se abrió y me encontré con este paisaje.
.


El embalse de Picadas se construyo en 1952, contiene y regula las aguas del río Alberche.

La ruta está a punto de terminar, pero antes hago la última parada en este bar de Aldea del Fresno para tomarme otro café y pasar por el baño pues el frío y "el muelle" están estrechamente relacionados.


Apuro hasta los últimos minutos de sol para volver a casa, después de recorrer una ruta bien conocida pero a la que he descubierto nuevas sorpresas que solo se pueden ver cuando dedicamos el suficiente tiempo en mirar.



Hasta la próxima.